Yo te viví, hasta morirte... Me parí en tus manos y en la humedad de tus labios...
Si, si te amaba, mientras mi piel se alimentaba de ti, aún, cuando tus demonios se vestían con tu cuerpo y me llevaban al paraíso... Y justo ahí, en ese, tu cielo, yo ardía... Así, te fui cuerpo y alma...
Los deseos negados, los pensamientos encadenados, construyeron nuestro universo... En llamas, en hogueras... Y al final... Nuestro volcán en erupción...
Tú y yo, agonizando en nuestros ojos...
Beatríz Fonnegra.
@Derechos reservados

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