Guarde en el bolsillo del alma
esas palabras que aún resuenan en mis oídos,
agarradas a las sonrisas de tus ojos.

Encerré en la caja fuerte de mi corazón
esos besos esparcidos en los poros de mi piel,
anclados a las comisuras de tu boca.

Reserve en el cofre de mis recuerdos
el aroma de tu piel
para tomarlo con la caída de la noche,
cuando la soledad se apodera de mi alcoba.

Amarré a mi cintura
las caricias compartidas
impidiendo que los días
me roben su recuerdo.

Y así, lentamente
preservo el recuerdo
de aquella vieja fotografía
que un día
me robo la vida.

Y así, lentamente
dejo que las arrugas de la soledad
cubran mi cuerpo.

María Glez. Méndez.

No hay comentarios.

Con tecnología de Blogger.