Un rato después

Los zapatos de la escogencia de mil comercios visitados yacen separados, cansados de la danza ensordecedora de la noche especial, la habitación observa ojos cerrados en sueños de quimeras de bambalinas rojas y doradas, los collares, los zarcillos brillantes, las corbatas, las camisas de cuello duro y yuntas calladas, tomaron el piso de la estancia para reposar el cansancio de lo vivido, algún flux negro deja su elegancia tácita en la silla del festejo blanco, su mancha de vino es la evidencia del brindis de la buena nueva. El vestido de lentejuelas azules abraza el piso frío de cuadrículas que se separan de su elegancia reciente, los papeles de regalos rotos, con los santas destrozados, parecen llorar callados su fugaz misión, mil botellas vacía ahora lucen la incoloridad del vidrio transparente oloroso a trasnocho, las migajas apoderadas de la mesa mágica de mantelería nueva y vajilla navideña, la cena arrasada por la gula que llamada tradición, cuenta calorías burlonas tras haber cumplido su objetivo, el árbol sin raíz aun vigila los espacios silentes, amaneció encendido para que el recién nacido no llorará de miedo a la soledad, los juguetes descansan fatigados de la manitas presurosas y felicites, el desanimo de haber recibido el regalo equivocado se nutre del consuelo que volverá la navidad y algún día la esperanza se hará realidad, los amantes secan las lágrimas de las distancias severas, los esposos analizan las cantidades esfumadas para rendir cuentas a ellos mismos, los niños duermen la paz de la edad feliz, las calles casadas con el silencio duermen con el sopor del jolgorio comercial, el Niño Bendito sigue en su cuna, María le preocupa una noche llena de bombillitos de colores que distrajeron el sueño del recién nacido, le preocupa su carencia de ropa y la contaminación viral de los años nuevos, los Reyes Magos siguen caminando por las veredas desiertas retando la dificultad de ver la estrella perdida en un cielo de nubes grises que nos vendió la industria y el desamor, los obreros duermen la embriaguez de la alegría de un día de pocas horas contrario a la jornada de trabajo donde el sudor es duro, las promesas de los que han mentido no descansan parece que el desvelo no los cansa, el mendigo sigue arropado de cartones de manzanas rojas y melocotones de gourmet, la esperanza sigue viva latiendo en los corazones de los que creemos en el niño que yace en una incubadora, o en el reten de algún hospital, o con un respirador porque tiene asma, o en que desafía los carros veloces en la autopista , o en el que va a la escuela todo los dias con su uniforme limpio y ordenado, ,,,,, allí está la esperanza , en nosotros mismos, mientras tanto la ciudad duerme el ruidoso pasado reciente de la noche bella. Nació el Niño Dios. a él seguimos pidiendo salud y paz para seguir andando sus caminos.

Mariela Lugo

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