Soltando, soltando, dejando ir, yéndome...

Descontaminándome…

Soltando de las manos, los anillos con promesas inventadas.
Soltando de los brazos, los ríos de sangre, de una piel lastimada.
Soltando del pecho, como una caída libre al océano de sus ojos,
las palabras llenas de ausencias
de la última carta, donde me lloraron hasta las comas, de su adiós…
Soltando de los latidos, los nombres que dañaron versos
de la poesía más intensa, llamada vida.
Soltando lágrimas, llenas de tinta, a la hoja blanca de sus ojos.
Soltando los últimos quejidos de la muerte, que abrazo la vida.

Soltando, soltando, dejando ir, yéndome.

Dejando los gritos atrapados en la ventana,
En el parabrisas, en la cortina.
Dejando…
Las cenizas del cigarro del recuerdo, más lastimado.
Dejando los huesos sin memoria,
Porque se cansaron de recordar…
Dejando la mirada perdida, en los atardeceres…
Para despertar mañana, amanecida.
Dejando las sombras, el equipaje repleto de escombros
Dejando aquello que le duele hasta a los hombros.

Dejando, como un barco que se va a volar…

Yéndome…
Tomando los segundos descalzos, en el reloj de arena de la vida.
Tomando el último suspiro de una lágrima.
Abrazando la carita de ella
Los ojos de él
La ternura virgen, de sus besos.
Yéndome, con un papel y un lápiz…
Sin heridas, y sin puertas grises.

Simplemente yéndome…

Fran Nicolle León Riveros

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